Pecados veraniegos de la moda masculina

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Es un hecho. Según llegan las altas temperaturas se marcha el decoro en el vestir masculino. Hombres que durante el invierno viste de forma más o menos decorosa ven nublado su sentido estético por el calor y se animan a salir a la calle hechos unos adefesios. Fresquitos, vale, pero con muy mala pinta. Repasamos a continuación los diez pecados veraniegos de la moda masculina. [Nota: dicho esto, que cada cuál vista como le de la gana, faltaría más.]
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1- LOS PANTALONES PIRATA
Gracias a Dios, su uso, que años atrás alcanzó cotas de pandemia, está en franco retroceso. Los pantalones piratas, cuyos bajos quedan más o menos a la altura de la espinilla, son una atrocidad nos pongamos como nos pongamos: hacen mal tipo y además ridiculizan la estampa y roban la dignidad del usuario. Para empeorar el cuadro, la mayoría de los modelos vienen con unas absurdas cintitas colgantes que se menean al caminar. ¿Y todo esto a cambio de qué? ¿Que son fresquitos? El mínimo frescor que puedan aportar esos absurdos cuatro dedos de recorte textil no compensa en ningún caso el daño que causan. Son un BIG NO NO.
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2- LOS NANOSHORTS
El fenómeno contrario al pantalón pirata (y, como se suele decir, los extremos nunca son buenos). Los vaqueros “cortados” a ras de ingle sientan de maravilla a azafatas del “Un, dos, tres” (perdón por el referente jurásico) y señoritas de buen ver en general. Pero en un hombre hecho y derecho no son de recibo. A este modelo sí que no se le puede negar el efecto “refrescante”, pero ver esas canillas peludas no es un plato de buen gusto, no digamos ya cuando por su escueta concepción dejan asomar un testículo (cosa que sucede con frecuencia), la parte inferior de la nalga o la “hucha” del desprejuiciado usuario.
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3- LAS CAMISETAS SIN MANGAS
No estamos hablando de TODAS las camisetas sin mangas, algunos casos habrá en los que queden bien. Pero no tenemos claro que merezca la pena obtener un extra mínimo de frescor a cambio de mostrar la flaccidez de los brazos, las isletas de vello que nos nacen alegres en los hombros o ese tatuaje tribal de baratillo. Para más INRI (¿qué querrá decir “para más INRI”?), suelen ser las preferidas de los usuarios de pantalones piratas.
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4- LAS BERMUDAS DE CABALLERO
Las favoritas del pijerío señorial. Básicamente consisten en los mismos pantalones de pinzas rancios que se llevan en invierno pero cortados a la altura de la rodilla. Ellos van encantados de la vida, pero el estropicio estético es evidente. Suelen usarlas en colores más vistosos que en inverno y las conjuntan con camisas o polos que, en otro alarde de atrevimiento, suelen ser rosas, fucsias o mordas. Sumémosle a esto el cinturón con la bandera de España y los zapatos castellanos sin calcetines (la otra opción es el náutico)… y obtendremos una estampa tan “fresquita” como deplorable.
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5- LOS BOLSITOS DE CABALLERO
¿Cuál es la razón de ser de estas ridículas bandoleras que proliferan masivamente en cuanto aprieta la canícula? ¿Guardar cosas? ¿Y para qué están los bolsillos, copón? Por norma, un hombre no debe salir de casa con nada que no le quepa en los bolsillos: cartera, tabaco, mechero, teléfono, gafas de sol… ¿para esto hace falta un bolsito? Este accesorio vino a sustituir a las legendarias y abyectas riñoneras; pero, a diferencia de estas, el asa cruzada sobre el pecho encima resalta la flaccidez de los pectorales de usuario. Demoledor.
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6- LOS CALCETINITOS DIMINUTOS
Hace unos años no existían –salvo en las abuelas, que los usaban en formato media y nunca conseguían ocultarlos del todo– y hoy son prácticamente un canon. Su razón de ser es evitar que nos sude el pie dentro del zapato y disfrutar a la vez de las ventajas de ir con la pierna al aire. Pero la inmensa mayoría asoman un poco, creando un efecto poco favorecedor: recuerdan a lo que ocurría con algunos zapatos devoradores de calcetines. Además, ahora los hay de colorines. O con borlitas. Tremendos.
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7- LAS SANDALIAS
Vaya por delante que el tema de mostrar los pies es una fobia personal de este que suscribe (que es de los que va a la playa en zapatos). De todas formas, no estamos refiriéndonos a chancletas (ahora se lleva decir flip flops) ni sandalias de cuero (desde las que proponen cada verano las marcas de moda hasta las clásicas “adidas Jesucristo”) ni siquiera esa especie de zuecos que dejan los dedos al aire y que tanto gustaban a Boris Izaguirre. Desde aquí estamos señalando con el dedo a esas sandalias que son de surfero yo/ senderista que se cierran con velcro y que sientan como un tiro. Suelen ser las favoritas de los usuarios de piratas y camisetas sin manga.
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8- LAS GORRITAS PUBLICITARIAS
El inclemente Lorenzo puede llegar a ser un martirio e incluso los médicos recomiendan que, según las circunstancias, conviene cubrirse la cabeza no sea que nos dé una insolación. Pero hay gorritas y gorritas. Y muchas de ellas –da igual que sean viseras o gorros “de pescador”– lo que hacen es dotarnos, por decirlo de alguna manera, de una “cara de tonto” poco recomendable. Por mucho que nos la regalara ese distribuidor de patatas fritas “La Segoviana” tan majete.

9- EL PAREO
Llámenme antiguo. Pero los pareos son de señora. Punto. Puede que a Beckham o a Andrea Casiraghi, cuando los vemos en el “HOLA!” disfrutando la Costa Azul o en una islita paradisíaca, les queden bien (que tampoco). Pero cuando lo que vas es al chiringuito con el pareo de tu señora y la panza asomando por arriba, el efecto es fatal. Y no es una cuestión de tener mejor o peor tipo, es una cuestión de rollito Ibiza-hippy-étnico-cursi infumable.
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10- LOS ESCOTES EN MAXI “V”
Una cosa es el viejo y noble arte de desabotonarse la camisa, hasta el ombligo si es menester. Ningún problema con eso. Nos referimos a estas camisetas con el cuello en forma de V gigante (las de la V poco pronunciada aún tienen un pase) que hacen las delicias de concursantes de reallity show, futbolistas, trovadores modernos y demás árbitros de (des)estilo. El problema de que asomen los manojos de vello pectoral lo tienen muy pocos, pues suelen ser paladines de la depilación masculina (?). Pero, independientemente de la cantidad de pelambrera visible, el resultado es fatal, hortera, dudoso, moña, cercano al insulto estético… en una palabra, aberrante. Llevan más escotes que sus novias, ¡por favor!
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